Desde que se informó el primer grupo de casos de infección por la enfermedad del coronavirus (COVID-19) en Wuhan (China), a finales de diciembre de 2019, la notificación de casos se ha propagado ampliamente para convertirse en una pandemia de proporciones de crisis y un numero cada vez mayor de muertes, afectando a prácticamente todos los países del mundo. Hasta el 31 de julio de 2020, se han registrado mas de 17.000.000 de casos en todo el mundo, En Colombia, para la misma fecha tendremos reportados cerca de 300.000 casos, con alrededor de 9.500 muertes. Casi que el mundo, el numero de casos se duplica cada 3 o 4 días. Si bien se ha realizado el seguimiento y el reporte periódicos del total de casos y muertes en todo el mundo, lo que es menos conocido es la contribución a estas cifras de los diferentes tipos de trabajadores, como resultado de la exposición en el lugar de trabajo. Es evidente que los trabajadores que participan en la atención sanitaria están en la primera línea en términos de riesgo de infección y muerte, como ha sido el caso durante muchas epidemias de otras enfermedades infecciosas en ocasiones anteriores, como el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) y el Ébola. Una fuerza de trabajadores de la salud física y mentalmente sana, bien equipada, es el apoyo vital en la capacidad de un país para manejar los casos COVID-19 de manera eficaz, por lo cual, muy insistentemente, este grupo de trabajadores ha solicitado introducir nuevas condiciones de trabajo, para compensar en algo el riesgo que corren tanto ellos como sus familias.

Aparte de los riesgos directos de infección derivados del contacto estrecho con pacientes o compañeros de trabajo potencialmente contagiados durante la pandemia de COVID-19, los trabajadores sanitarios también están sometidos a crecientes riesgos de estrés y salud mental, como ocurrió en otras pandemias. El numero de pacientes infectados y gravemente enfermos está aumentando, así como el numero de trabajadores sanitarios expuestos que están bajo autocuarentena, ya sea porque han sido infectados con COVID-19 o han estado en contacto con un caso. Esto esta llevando a una carga de trabajo y estrés mayores para los que quedan en el personal sanitario y a un grave debilitamiento del servicio de salud prestado. Los riesgos para la salud mental se ven agravados aun más por la escasez de equipos de protección para los trabajadores sanitarios en muchos hospitales, especialmente en las regiones mas pobres y aisladas del país. Es urgente, entonces, adoptar medidas para mantener la salud mental de los trabajadores sanitarios en situaciones tan estresantes.

Además de los trabajadores de la salud, hay muchos otros en riesgo de contagio por COVID-19 a través de su trabajo, por lo general por estar cerca del público, como son el personal de servicios de emergencia – por ejemplo, la policía y los bomberos-, los trabajadores empleados en la atención de los ancianos, el cuidado de los niños, los encargados del servicio de aseo, los recicladores y los conductores de transporte publico y taxis, por nombrar solo algunos.

Aparte de los efectos directos sobre la salud de los trabajadores por el COVID-19, habrá muchos otros efectos que tendrán impacto en la salud del sistema laboral. Entre ellos figuran las estrictas ordenes de aislamiento a domicilio y las importantes restricciones a las reuniones en respuesta a la pandemia, lo que resulta en una fuerte desaceleración de la economía mundial. Es probable que los efectos económicos de la pandemia COVID-19 sean mucho peores que los de la crisis financiera mundial de 2007-2008. Contribuir a estos efectos económicos con el cierre temporal de muchas fabricas y empresas y la reducción de la fuerza de trabajo en otras empresas está dando, como resultado, que muchos trabajadores pierdan sus puestos de trabajo, al menos temporalmente.

En medio de esta penumbra, puede haber algunos impactos beneficiosos a largo plazo en los lugares de trabajo. Las medidas que se están introduciendo en los espacios laborales para proteger a los trabajadores de contraer COVID-19, pueden conducir a una mejor preparación en el futuro para otras infecciones que se puedan presentar por la presencia de las tasas de vacunación históricamente bajas, con mejores tasas de higiene personal en el trabajo, así como el mejoramiento en la organización del trabajo. Es probable que se mantengan algunos de los cambios en el lugar de trabajo y esto también puede conducir a efectos ambientales positivos, al generar una menor congestión del trafico y menos emisiones de carbono, gracias a la reducción de los viajes de vehículos de motor y aeronaves. Invitamos a nuestra comunidad médica de investigación en salud ocupacional a presentar documentos sobre los riesgos para la salud de los trabajadores derivados de la pandemia COVID-19 porque, de esta coyuntura, tenemos mucho que aprender.

Sociedad Colombiana de Medicina del trabajo. Visible body: Bogotá, Colombia. Revista Digital. http://medicinadeltrabajo.org/revista/
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